• Tomàs Ramìrez

LA LEYENDA DE NACHITO



Desde 1848 el Panteón de Belén alberga historias que se han convertido en parte de la cultura popular de Guadalajara. En 1896 el camposanto cerró sus puertas para ya no recibir más almas en busca del descanso eterno. 100 años después, en 1996, fue declarado museo, y desde entonces cada rincón fue objeto de la admiración y morbo de los visitantes durante los recorridos diurnos y nocturnos. Quienes lo han visitado afirman que es un lugar hermoso, histórico y lleno de mitos y leyendas. Una de las historias más célebres y escabrosas es la de Ignacio Torres Altamirano, mejor conocido como Nachito, pues su tumba es una de las las más visitadas y famosas de México.


La leyenda de Nachito comienza el día de su muerte, un 24 de mayo del año 1882 y se cree que habría muerto de nictofobia (una fobia caracterizada por un miedo irracional a la oscuridad). Se dice que desde que nació, sufría de este padecimiento, por lo que sus padres ponían por la noche antorchas en su recámara para iluminarla y que pudiera dormir tranquilo; pero una noche con intenso viento las antorchas se apagaron y a Nachito en medio de la temible oscuridad le dio un infarto fulminante. Su mamá lo encontró al día siguiente muerto en su cama.


Los padres enterraron a Nachito en el panteón de Belén, que en aquel entonces estaba destinado para la gente más pobre de la región, pero al día siguiente de su entierro, el sepulturero se llevó una escalofriante sorpresa, pues encontró el ataúd de Nachito afuera de la tumba. De inmediato dio aviso a los padres, pero estos no acudieron por el dolor que les causaba la reciente muerte de su hijo, por lo que el sepulturero lo enterró de nuevo, sin embargo, un día después de este extraño suceso y para su sorpresa, encontró una vez más el ataúd fuera de la tumba, hecho que siguió repitiéndose por diez días más.


Entre la gente más supersticiosa se empezó a correr el rumor de que Nachito padecía mal del diablo o que la tierra no lo quería y por eso “lo escupía”. Cansados de tantas habladurías sus padres decidieron sacar la tumba y construir una encima de ésta, porque, según ellos Nachito no podía descansar en paz debido a la nictofobia que padecía. Por esta razón le hicieron a su difunto hijo una tumba de piedra con aberturas a los lados para que la luz solar pudiera entrar durante el día, y en las esquinas de la tumba pusieron cuatro obeliscos donde colocaban antorchas para iluminarlo durante la noche. Desde ese entonces no hubo mayor sorpresa en aquel camposanto.

Hoy en día si visitas el panteón de Belén, existe la costumbre de dejarle al menos un juguete a Nachito, Hay quien cuenta que el difunto niño juega por las noches con sus juguetes, ya que según los sepultureros tienen que recogerlos antes de abrir el panteón porque éstos se encuentran tirados alrededor de la tumba. Inclusive dicen que han encontrado juguetes en tumbas de otros niños. Relatan, que en otra ocasión, han visto como juega con un globo y se pasea por el panteón. ¡Cuidado! Sí te llevas un juguete de la tumba, Nachito se enoja y se va contigo a casa y comenzarán a pasar cosas raras.



LA TUMBA DE NACHITO EN EL PANTEÓN DE BELÉN



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